Traductora: Natalia Navarro
Editorial: Stefano Books
288 páginas
Insaciable. Cachonda. Directa. Inocente. Inteligente. Impulsiva. Solitaria. Enfadada. Tajante. Hiriente. Perspicaz. Siempre anhelante. Y lo que Waldo más anhela: el señor Korgy, su profesor de escritura creativa. Un hombre casado, con un hijo, hipoteca y facturas, sueños rotos, aspecto deteriorado y barriga. Ella no sabe por qué lo quiere. ¿Es por su pasión? ¿Su experiencia vital? ¿El hecho de que sabe de libros, películas y cosas que ella no conoce? ¿O es algo más puro que eso? ¿Arraigado en su inesperada conexión, sus espíritus afines, el similar filtro a través del cual cada uno percibe el mundo que lo rodea? O, quizá, le basta con que él la vea cuando nadie más lo hace.
Guau, ¡menudo libro! No sé ni cómo empezar esta reseña. Posiblemente, no hubiera elegido leer este libro por decisión propia. No lo voy a negar: la cubierta no me gusta, no parece una historia de las que me gusta leer y tampoco he leído el otro libro de la autora (aunque ahora quiero hacerlo). Y, sin embargo, me alegro mucho de haber descubierto a Jennette McCurdy, mujer a la que he investigado bastante y cuya historia conozco ahora. Y también me alegro de haber leído La mitad de su edad, pues no solo es un libro con un fuerte componente sexual (¡empieza por todo lo alto), también es una historia con una protagonista muy interesante de conocer. Waldo, Waldo, Waldo, me ha gustado mucho conocerte, leerte, verte, pensarte. Ser partícipe de tus pensamientos, anhelos y dudas. Waldo es la joya de este libro.
Durante la lectura del libro, me he descubierto deteniéndome en muchas ocasiones para reflexionar. La mitad de su edad, con esa fachada superficial, es un libro que plantea muchos temas profundos, de actualidad, problemas que a día de hoy nos tocan. Me ha sorprendido la forma que tiene Waldo de exponer su adicción al consumismo. Ha dado en el clavo con muchas de sus divagaciones. Ella, que es una mujer perdida, una joven que vive con una madre inestable que la ignora la mayor parte del tiempo, se refugia en el clic del ratón, comprando de forma compulsiva por Internet, buscando la felicidad momentánea de descubrir un objeto que cree que le hace falta y pidiéndolo. Una acción que posteriormente la lleva a la frustración, pero que sigue repitiendo noche tras noche. ¿No somos todos un poquito Waldo? ¿No buscamos la felicidad en cosas materiales que en realidad no necesitamos? Estamos en la era de la inmediatez de una compra por Internet, del catálogo infinito de productos a tu disposición, de la espera eufórica del paquete deseado. También trata el tema de lo influenciados que estamos por otras personas que se dedican a «vendernos» productos con sus vídeos. Sí, el tema de los influencers. Leerlo en boca de ella, ver cómo afecta todo esto a su persona, hace que te pares y reflexiones.
En cuanto a la relación con su profesor, el eje principal de la novela, pensaba en un principio que no resultaría creíble, pero nada más lejos de la realidad. No voy a negar que me he enfadado, que he despotricado, pero lo cierto es que la historia tiene sentido y lo que más sentido tiene de todo es el final, que ya lo veía venir y me parece el más realista.
En difinitiva, este libro es diferente a todo lo que he leído y a lo que suelo leer habitualmente. Digamos que esta lectura me ha elegido a mí y me ha sorprendido mucho.












































Traductora literaria. Devoradora de libros. Con la cabeza en las nubes.





